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Welcome to the jungle: elecciones primarias en Nueva York

El martes 19 de abril serán las elecciones primarias en el estado de Nueva York. Entre los republicanos, las encuestas indican que Donald Trump se llevaría más del 50 por ciento de los votos, bastante lejos de Kasich y Cruz que pelean palmo a palmo por el segundo puesto. Entre los demócratas, la favorita es Hillary Clinton aunque los seguidores de Bernie Sanders aún mantienen expectativas en esta elección. La previa viene muy activa y en la noche del jueves 14, Brooklyn será escenario de un nuevo debate entre ambos candidatos demócratas.

Nueva York se ha vuelto un objetivo, un desafío y un problema tanto para Sanders como Clinton. De las últimas 8 primarias disputadas, quien hoy representa a la “izquierda” del partido se alzó con 7 mientras que la ex secretaria de estado solamente ganó una. Esto podría indicarnos un momentum para Sanders, sin embargo, son estados que otorgan pocos delegados. Para ganar la nominación los candidatos necesitan obtener 2383 delegados, Clinton suma al momento 1289 y Sander 1035. Esto es sin contar los llamados superdelegados, un elemento adicional del sistema de primarias demócrata en donde la amplia mayoría apoya a Clinton y la posiciona mejor en la carrera a la nominación. En Nueva York se disputan 247 delegados y hoy Clinton mantiene más de 10 puntos de ventaja en las encuestas.

La expectativa sobre la elección del próximo martes tiene varios motivos. De febrero a hoy Sanders pasó de 20 puntos de intención de voto a casi 40 y arrasa entre los jóvenes. En algunas elecciones logró más del 80% del voto de los menores de 29 años obligando a Clinton a retocar su discurso en busca del voto de los milennials. Al mismo tiempo, en las últimas dos semanas, el candidato se dedicó intensivamente a militar su campaña en Nueva York llenando un parque en el Bronx con más de 18 mil personas y marcando un hito histórico en Washington Square Park con 27 mil asistentes el pasado miércoles. Ambos candidatos pueden decir que juegan de local. Sanders, hoy senador por Vermont, nació en Brooklyn y basta escucharlo hablar para que su acento lo delate. La semana pasada dió un discurso en la puerta de un edificio sobre la avenida Flatbush que fue su hogar y el de su familia inmigrante polaca-judía. Hillary Clinton, tras su paso por la Casa Blanca como primera dama, se mudó a la ciudad y representó al estado como Senadora. El lanzamiento de su campaña fue en Roosevelt Island, en un hoy lejano 2015.

El jueves a las 9pm (hora local) en Brooklyn se dará el último debate entre los candidatos antes de la elección de Nueva York. Sanders seguramente llamará a la revolución política para transformar Estados Unidos y Clinton se presentará como la candidata a primera presidenta mujer en la historia de su país. Entre los principales ejes de discusión está el financiamiento de la campaña: mientras Sanders lo hace con donaciones individuales que promedian los 27 dólares por individuo y abogando por controles e impuestos sobre Wall Street, Clinton ha recibido millones en los últimos años dando charlas para prestigiosos bancos; se destaca Soros al tope de la lista de donantes. Ambos coinciden en la necesidad de un pago igualitario para el trabajo de mujeres y varones, y mejorar políticas de género pero vuelven a diverger en sus ideas sobre el financiamiento y acceso a educación y salud. Esta semana los trabajadores de Verizon hicieron la huelga más grande de los últimos años, Bernie Sanders se sumó a su piquete. En contraste, Hillary Clinton dio charlas para la compañía por las que cobró más de 200 mil dólares y recibió donaciones para la campaña de sus gerentes. Las discusiones sobre tenencia de armas y política internacional son algunos de los tópicos con que Clinton logra opacar a Sanders.

La campaña de ambos está en su punto más álgido, para Sanders se agota el tiempo de acortar las distancias. Clinton tampoco puede descansar en ella por los delegados que se ponen en juego de aquí a California. El debate de Brooklyn será sin dudas un episodio para ver cervecita y pochoclo en mano.

 

Por Mercedes D’Alessandro, doctora en economía y Santiago Rodriguez Rey, politólogo, máster en comunicación política para Diario BAE.

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