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¿Nacen las bebas con escobas y los bebés con taladros?

En su nuevo libro, la economista desarma los costados menos visibles de la desigualdad de género con estadísticas y datos que dan cuenta cómo esto también perjudica a los varones.

Entrevista de Sabrina Diaz Virzi para Clarín

“Mi mamá no trabaja, es ama de casa”: los estereotipos no solo condicionan nuestras acciones, sino nuestras ideas y la forma en que vemos el mundo. ¿Acaso esas madres que se quedan en casa no limpian, hacen compras, cocinan, cuidan niños y enfermos, lavan y planchan la ropa de la familia? Sin embargo, desde la palabra asumimos que “no trabajan” y, aunque algunos puedan decir que “exageramos”, el lenguaje construye realidad: no es lo mismo decir “no trabaja” que hace “trabajo doméstico no remunerado”. En su nuevo libro Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)(Sudamericana), la economista Mercedes D’Alessandro desarma los costados menos visibles de la desigualdad de género con estadísticas y datos que dan cuenta cómo esto también perjudica a los varones.

 

-¿Cómo se elimina la brecha salarial de género?

-Los países que más avanzaron en esta agenda lo hicieron a partir de políticas orientadas específicamente a cerrar las distintas brechas de género; el capitalismo no ajusta por sí solo. No se trata de -simplemente- tener salarios parecidos o unirnos en la igualdad de la superexplotación y la pobreza. En el fondo, estamos hablando de la necesidad de transformar el modo en que organizamos nuestra vida económica cotidiana, y transformar también cómo la pensamos.

-¿Y cómo podría ocurrir esta transformación?

-En los años 60, solo dos de cada diez mujeres trabajaba fuera del hogar. Hoy las mujeres realizan el 76% de las tareas domésticas y, además, siete de cada diez trabajan fuera de casa (en un mundo laboral “preparado” por y para hombres). Este modelo quedó viejo, porque responde a un momento en el que ellas disponían de todo el tiempo y la energía para realizar estas labores. Esto no favorece ni a mujeres ni a varones. No se trata de renegar del ama de casa, sino de comprender que, sin el trabajo que hoy realiza ella —pero que podría redistribuirse—, la sociedad pierde su piedra fundamental.

 

-¿Por qué decís que esto no favorece tampoco a los varones?

-Tengo muchos amigos a los que les encantaría compartir más tiempo con sus hijos y no pueden hacerlo porque sus jefes les dicen que no se pueden retirar para ir al acto escolar de sus nenes o para cuidarlos si están enfermos porque, argumentan, “puede ir la mamá”. Es un proceso cultural que tenemos que ir transformando para entender que mujeres y varones somos responsables de la crianza de nuestros hijos y que ser feliz y realizarse profesionalmente (tanto para varones como para mujeres) es una forma de amar a la familia y no deberían ser separables.

 

-¿Qué pueden hacer las mujeres para llegar a puestos de jerarquía sin imitar el estilo masculino?

-Durante mucho tiempo las mujeres estuvieron lejos de los ámbitos de poder, y conquistar esos espacios implica transformar relaciones de dominación. Aun son pocas las mujeres presidentas o líderes de empresas, por lo que faltan “role models” para que las más chicas puedan decir “yo me quiero parecer a ella”. Los estilos de liderazgos se van construyendo en la práctica, y las mujeres nos falta experiencia y variedad para encontrar nuestro propio camino.

 

-¿En qué medida creés que los estereotipos influyen en cómo las mujeres se piensan a sí mismas?

-Influyen en las decisiones y en los resultados de nuestras decisiones y, además, nos generan culpa: parece que sos una madre abandónica porque te fuiste a trabajar, cosa que no les pasa a los varones. Hay una especie de idea que supone que la nena es la que cuida a los hermanitos o juega a la maestra. Esto se refleja, más tarde, en los trabajos que tomamos las mujeres: los empleos más normales son maestra, enfermera o secretaria (justamente, todo lo que tiene que ver con esos juegos). “¿Nacen las bebas con escobas y los bebés con taladros?”, me pregunto.

 

-En el libro destacás el concepto de “convergencia de roles” de Claudia Goldin…

-Hoy las mujeres trabajan más fuera del hogar y los muchachos colaboran un poco más en la casa; además, la mayor educación femenina dio sus frutos con más y mejores oportunidades laborales y se amplió el abanico de opciones para las mujeres (ya no estudian solo para maestra o enfermera). Cuanto más estudian, dice Goldin, más deseos tienen las chicas de poder trabajar en su profesión al tiempo que llevan adelante su familia, lo que retroalimenta positivamente lo anterior. En el pasado, las mujeres tenían menos posibilidades y acceso a la educación que los varones, esto hoy se revirtió por completo. En Argentina, el 57% de los estudiantes universitarios son mujeres y también el 60% de quienes se gradúan. Si se observa la brecha salarial entre mujeres y varones con el mismo nivel educativo, se encuentra que, cuanto más estudiosas se vuelven las chicas, mejores salarios consiguen y se acercan a los de sus compañeros (aunque aún lejos de la paridad).

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