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La economía y el feminismo: cómo se financia la desigualdad de género

Por Milton del Moral para Infobae

 

“Barbies CEO de cristal”. “La pobreza es sexista”. “Precarización maternal”. El libro de Mercedes D’Alessandro se llama Economía feminista, Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)porque tiene entre sus títulos conceptos como ésos. La autora bucea por tópicos inexplorados, navega por las raíces de la desigualdad de género, ensaya tesis sobre las ideas machistas del capitalismo, se indigna porque el trabajo doméstico no remunerado sea “cosa de mujeres”, se pregunta por qué las mujeres ganan menos plata que los hombres. Su publicación reflexiona sobre cómo emergió una sociedad desigual, de hombres ricos y mujeres pobres.

Nacida y criada en Posadas, hoy una residente neoyorquina, recibida como economista en la Argentina de 2001, mientras militaba y asistía a una plaza alborotada. Sobre las estadísticas atraviesa los desafíos de las mujeres modernas. Sustenta su análisis en un pedestal de datos y contrastes: mientras nueve de cada diez mujeres argentinas hacen labores domésticas, cuatro de cada diez varones se desentienden de los quehaceres; en la década del ’60, apenas dos de cada diez mujeres trabajaba fuera del hogar, hoy son siete de cada diez producto de formación y educación de las nuevas generaciones que ingresaron al mercado laboral en la última década, mejor preparadas que sus madres y abuelas; y sólo el 4% de las empresas más destacadas del mundo tienen CEOs mujeres.

Amparada sobre estos gráficos, la economista concibió: “La economía feminista es revolucionaria o no es”. En una charla amena, descontracturada y divertida con Ingrid Beck, directora de la Revista Barcelona y periodista impulsora de la marcha #NiUnaMenos, en el auditorio de Grandes Libros, desmenuzaron criterios, conductas, estereotipos y enfoques de la economía mundial con el tamiz feminista. Con licencias para desarticular el tinte académico del diálogo, se despidieron con un “hasta la Victoria’s Secret”.

Pero antes hablaron de feminismo. “Cuando uno dice feminista, la gente piensa en mujeres locas que quieren vengarse de algo. Hemos podido recuperar el género. Y vincularlo con la economía. Yo me reconocí como feminista en el último tiempo. No nacemos feministas, nacemos machistas. Y convertirse es un acto consciente. Tiene que ver con la formación que recibimos: tenemos una educación machista, una economía machista, una política machista”, consideró Mercedes D’Alessandro.

“Tenemos una educación machista, una economía machista, una política machista”, dijo la autora (Maximiliano Luna)

“Tenemos una educación machista, una economía machista, una política machista”, dijo la autora (Maximiliano Luna)

Dijo haber escrito el libro enojada: “Que estemos en 2016 discutiendo todavía si las mujeres pueden ser presidentes o no me indigna. No puede ser tampoco que ganemos menos dinero que los hombres. No podemos todavía escuchar por la calle ‘mirá ese escote, se lo estaba buscando'”. Beck lo anunció como una especie de biblia, un manual de feminismo. La autora lo categorizó como un libro de economía porque “me parecen que las consignas feministas tienen que tener una perspectiva, un qué, un cómo”. Publicado por Editorial Sudamericana, busca razonar el origen de estándares sociales: “El proceso de feminización de la pobreza es una desigualdad en la que también hay desigualdad de género. Hay que rastrear de dónde viene eso”.

“Creo que el feminismo es provocador. Es necesario construir el estereotipo de la feminista, que puede ser de muchas maneras. A mí me interesa es el feminismo clasista, el feminismo marxista pero sin tener que perder el glamour. Yo quiero vestirme de rosa sin que me quiten el carnet de feminista”, resumió D’Alessandro. Economía feminista interpela a la economía política y a la sociedad capitalista. E investiga de dónde se financia la desigualdad de género.

Video de la charla aquí

 

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