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El lado invisible de la desigualdad

Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour), se titula el libro escrito por la posadeña Mercedes D’Alessandro y editado por Sudamericana. Un aporte revelador, interesante y entretenido para entender las desigualdades sociales desde una mirada de género.
Mercedes tiene 37 años y vive en Nueva York. Es doctora en economía y estudió en la Universidad de Buenos Aires donde también dictó clases. De visita por su tierra natal, la escritora presentó el libro que fue declarado de interés municipal  en el Concejo Deliberante, y charló con El Territorio sobre las ideas de su ensayo escrito y la realidad socioeconómica del país.
Con su obra, la joven economista se animó a juntar dos palabras controversiales y cargadas de prejuicios. Por un lado, el libro quiebra con esa visión de la economía como un tema solo de varones y únicamente vinculado a los números, y por el otro, rompe con el estigma del feminismo como algo negativo. “Parece un tema irritante pero lo cierto es que este libro como el feminismo es esencialmente acerca de la igualdad, entendida como un horizonte en los que todos tengamos las mismas posibilidades de desarrollarnos como más nos guste”, dice la autora en las primeras líneas.
Con gran repercusión en los medios nacionales, la obra ya se presentó en diversos ambientes (feministas y no tan feministas): en la Legislatura Porteña, donde obtuvo una distinción; en el Congreso de la Nación; en universidades y bares cooperativos manejados por agrupaciones de izquierda.
El libro es el resultado de la investigación que Mercedes viene realizando junto a dos compañeras, hace un año y medio, en la página web Economía Feminista. A partir de ese trabajo, el grupo aportó consignas al movimiento Ni Una Menos con datos del trabajo doméstico no remunerado que lo hacen mayoritariamente las mujeres, la brecha salarial y la imposibilidad de ascender a cargos jerárquicos.
“El Ni Una Menos ayudó a que la gente reaccione ante esto y que vea que no es solamente una cuestión de golpes, sino que la violencia está en otros aspectos de la vida que tienen que ver con las posibilidades laborales, y con la organización económica de la sociedad”, explica la especialista.

¿Por qué relacionar el feminismo con la economía o viceversa?
Hay mucha gente que piensa que el feminismo es lo contrario al machismo. No, no son dos polos opuestos. El feminismo es una lucha por la igualdad. Es entender que mujeres y varones somos iguales, que tenemos los mismos derechos y las mismas oportunidades, cosa que hoy no sucede. Y eso se manifiesta desde la perspectiva económica de una manera muy importante. Porque la economía tiene que ver con cómo nos organizamos socialmente para producir en nuestra sociedad, y en ese sentido, si queremos hablar de igualdad tenemos que hablar de economía. Si bien la forma más visible de desigualdad es la cantidad de pobres y ricos,  si te ponés a mirar la composición de los pobres y de los ricos también encontrás mucha desigualdad, porque el 70 por ciento de los pobres son mujeres y solamente el 10 por ciento de los ricos son mujeres. Quiere decir que la desigualdad también está atravesada por la cuestión de género. El libro habla de la necesidad de reorganizar la forma en que producimos en nuestra sociedad, en busca de la igualdad.

¿Cuál es el rol de las mujeres en este sistema capitalista?
Una de las claves para entender esta cuestión de la desigualdad es el trabajo doméstico no remunerado, que es el trabajo que realizan las mujeres mayoritariamente y consiste en cuidar a los niños y los adultos mayores del hogar, cocinar, limpiar, organizar las compras de la casa, etcétera. En Argentina, el 76 por ciento del tiempo que lleva este trabajo lo destinan las mujeres. Y esto tiene un impacto en el resto de la vida, porque es un trabajo que se asume que las mujeres lo hacen porque son mujeres. Está asumido y naturalizado aún en nuestra generación de mujeres que trabajamos a la par de los varones. Ahí aparece este problema porque en los 60, sólo dos de cada diez mujeres trabajaba fuera del hogar, el resto era ama de casa full time. Hoy son siete de cada diez las que trabajan fuera del hogar, pero sin embargo no dejaron por completo de hacer estas tareas del hogar, entonces tienen una doble jornada laboral. Eso trae múltiples problemas: trabajás más, eso impacta en tu productividad laboral y si hay un ascenso no te lo dan porque estás en desventaja.

Al parecer, el debate de quién está a cargo del cuidado atraviesa tu análisis…
Para nosotras es central. En Argentina un tercio de los hogares está a cargo de la mujer. Hoy la familia tipo ya no existe o es sólo una pequeña porción de todos los tipos de familia que hay. Y ahí necesitás otra forma de pensar el cuidado. No es solamente la redistribución entre varones y mujeres, sino que el Estado provea guarderías o jardines maternales gratuitos, espacios de lactancia en lugares de trabajo, licencias de paternidad y maternidad, geriátricos, personas de compañías, son cosas que demandan mucho tiempo y trabajo que lo realizan las mujeres y que el Estado podría aportar con eso y serviría para mejorar la calidad de las personas que prestan esos servicios. En Argentina las mujeres trabajadoras, la principal ocupación que tienen es empleada doméstica (y el 80 por ciento está precarizada), le siguen maestra y enfermera. Tenes mujeres de clases media o alta que sobreviven o se pueden desarrollar a costa de explotar mujeres pobres, se crea un círculo vicioso. Y el Estado tiene un rol muy importante en profesionalizar o mejorar esos trabajos.

También en el libro analizás el acceso a los cargos jerárquicos…
Me parece que es importante disputar espacios de poder. Para mí es muy importante porque en Argentina tenés ministerios sin mujeres, el Banco Central sin mujeres, el gabinete de Macri sólo el 22 por ciento son mujeres, también era así el de Cristina. Los lugares que tiene más de un 30 por ciento de mujeres son diputados y senadores, que es donde hay cupo. En el Estado la mitad de los trabajadores son mujeres, entonces no es que no hay mujeres sino que no llegan a los cargos jerárquicos. En Misiones, casi todas las mujeres tienen educación terciaria y universitaria, y los varones no, y sin embargo, están por debajo de las jerarquías de varones menos formados. Eso se verifica en todo el país, hay estudios que te lo demuestran. Entonces ahí aparece la pregunta, ¿por qué no llegan las mujeres a los espacios de poder? Ahí  tenés miles de cuestiones; muchas dicen por la cuestión de los cuidados o los horarios son incompatibles con la responsabilidad familiar que si estuviera más repartida sería distinto.

Entonces, ¿el problema es la naturalización de los mandatos culturales?
Seguro que está bien estar con la familia y los hijos, de esto no cabe ni una duda. El problema es cuando no tenés alternativa ante esto. En Argentina cada cinco minutos nace el bebé de una madre adolescente. Más del  60 por ciento de esas chicas deja los estudios secundarios. Después difícilmente vuelvan a poder insertarse de una manera interesante en el mercado laboral y hay algunas que están obligadas a ser amas de casa y madres. Después, tenés una cultura que te educa de esa manera durante toda tu vida; entrás a una juguetería y encontrás los regalos de la nena: la princesita, la cocinita, la muñeca y todo lo que tiene que ver con los cuidados, ser maestra, madre o enfermera. Y para los varones están la pelotita, la cajita de herramienta, los legos, las cositas para construir. Incluso esto se ve en los dibujitos de animados, en las propagandas y en la escuela.

Incluso cuestionas el estereotipo de mujer consumidora compulsiva…
El 80 por ciento del consumo global lo manejan las mujeres, y por lo general, compran los muebles del hogar, las cosas que llenan la alacena, las ropas de ellas, de sus hijos y sus amigos. Son un poder de consumo muy grande porque son las gobernadoras y administradoras del hogar. El estereotipo sigue presentándolas como gastadoras compulsivas, y que en lo único que piensan es en su apariencia física. Obviamente que hay algunas así, pero ese gran porcentaje de consumo no es porque se están comprando zapatos sino porque están alimentando a familias.

¿La economía está teniendo en cuenta a la mirada de género?  
Es algo que está creciendo. Tengo expectativas de que siga creciendo. Pero hoy, esa mirada no está. En Argentina hay una sola materia de economía y género que se da en la UBA y que es optativa. Se necesita incorporar porque es crucial para entender un montón de problemas. Por ejemplo, las chicas jóvenes menores de 29 años tienen mayores niveles de desempleo, el doble que sus pares varones.

¿Cuál es tu análisis del gobierno actual?
Está complicado y el año que viene va a estar más aún. Los planes que tenía este gobierno no han dado resultado. Sacaron el cepo y liberalizaron el mercado de cambio, hicieron una serie de medidas que se orientaban a que vengan inversiones y se pueda producir, y eso no sucedió. Cayó la industria, cayó la construcción, hubo una gran transferencia de recursos, porque con la quita de las retenciones al campo se generó una gran caída de la recaudación y hoy están viendo cómo se sostiene. Están en una situación muy delicada. El único plan que tienen es un plan de infraestructura para el año que viene pero que también hay que financiar; viene un año de elecciones con lo cual se espera que no recorten el gasto público. Es un gobierno que no ha favorecido a los sectores  más vulnerables, al contrario. No pudieron contra la inflación, eso hizo caer el poder adquisitivo del salario. Están en deuda con los trabajadores. Los datos del Indec son muy fuertes, el tercio de la población está por debajo de la pobreza y el 48 por ciento de los niños, o sea la mitad, vive en hogares pobres. ¿Dónde están las políticas que apuntan a mejorar la situación de estas personas, a incluirlas y darles un trabajo? Este gobierno nos devolvió los números pero no nos dio las herramientas para mejorar esto.

 

Nota publicada en El Territorio

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