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Debate en el corazón de Dixieland

El pasado domingo, un día antes del aniversario del nacimiento de Martin Luther King Jr., se llevó a cabo el último debate demócrata con Hillary Clinton aún como favorita, Bernie Sanders en un gran momento de su campaña con las encuestas sonriéndole, y Martin O’Malley que, aunque sin chances en el horizonte, tuvo su mejor performance a lo largo de la campaña. A partir de ahora, los candidatos se reencontraran en las urnas, en la asamblea de Iowa el 1 de febrero y en las primarias de New Hampshire el 9. En ambos estados las encuestas reflejan paridad entre Clinton y Sanders. “A estos estados, y en particular el de Iowa, se los llama a menudo estados bellwether (predictores, o de referencia del clima futuro), ya que ambos reflejan e influyen en el ánimo nacional, dando a los candidatos un impulso inicial invaluable”, explica Ethan Earle, analista político con sede en Brooklyn (New York). Si bien no es regla que quien gane en estas primeras rondas llegará a la presidencia, el espaldarazo, en particular económico a través de donaciones, que trae salir bien posicionado es clave en esta campaña que en lo financiero viene marcada por una importante desigualdad.

Aunque a comienzos de la campaña la gran e indiscutida favorita era Hillary, el senador socialista de Vermont Bernie Sanders vino creciendo de manera constante hasta convertirse en un escollo en sus aspiraciones. Al inicio de la campaña, Sanders se encontraba cerca del 3%, 50 puntos por debajo de Hillary, pero se vio favorecido por las ausencias de Elizabeth Warren y Joe Biden, más cercanos al ala progresista del partido. El sitio Five Thirty Eigth, famoso por predecir con exactitud los resultados de todos los estados en 2012, calcula que el promedio de las encuestas arroja 47.0% a favor de Hillary y 41.7% a favor de Bernie Sanders. Estos números resultan sorprendentes si consideramos que hace escasos 6 meses, Sanders tenía menos del 17% de intención de voto en ese estado y Clinton casi el 60%.

En New Hampshire, el mismo sitio coloca ganador a Sanders con un 71% de probabilidades. Allí también creció desde abajo del 20% de intención de votos (promedio) al 49%, ubicándose hoy por encima de la ex Secretaria de Estado. “El principal apoyo de Sanders proviene de los jóvenes (18 a 35 años), donde posee una ventaja de 11 puntos sobre Clinton en las encuestas más recientes. Clinton, por su parte, tiene ventaja entre las mujeres, que anhelan ver por primera vez a una mujer dirigiendo el país”, comenta Earle. Además, agrega, “ella no ha sido capaz de generar entusiasmo, sobre todo entre los jóvenes; en tanto que Sanders creció de manera inesperada en las urnas porque pudo aprovechar de manera efectiva los sentimientos anti-establishment de una generación criada en la guerra de Irak y la Gran Recesión, para la que el sueño americano no es más que un vago recuerdo. Su mensaje apunta a señalar que el sistema político y económico de Estados Unidos están rotos y que es necesario un programa económico fuertemente redistributivo”.

Así como la presencia de Donald Trump forzó la discusión entre los candidatos republicanos sobre temas exacerbados por la derecha del partido, el tea party, con comentarios abiertamente xenófobos (en su spot de campaña, por ejemplo, Trump dice que hay que construir un muro para evitar la inmigración y que además ese muro lo deberían pagar los mexicanos), bélicos y pro-mercados financieros; Bernie Sanders hizo lo propio aportando una discusión hacia la izquierda del partido demócrata, espacio incómodo para una Clinton vista como parte del establishment. En los últimos días, Sanders acentuó su posición presentando una propuesta de reforma financiera con el eje puesto en Wall Street y un proyecto de plan médico universal que excede al actual, y muy cuestionado por la oposición republicana, Obamacare. “No puede ser que haya jóvenes en prisión por fumar marihuana mientras CEO’s de Wall Street que estafaron a medio planeta y se llevan millones están libres” fue una de las líneas más usadas por el senador de Vermont.

En el marco de la discusión acerca de la creciente desigualdad -en la que los candidatos demócratas coinciden- y la responsabilidad del sistema financiero en ella, Sanders señaló que Clinton tendría grandes contradicciones a la hora de enfrentar a Wall Street dado que su campaña ha recibido el importante apoyo financiero de grupos como Citigroup, Goldman Sachs o JP Morgan (entre 600 y 800 mil dólares cada uno), mientras que Sanders tiene como principal aporte de campaña contribuciones de individuos, sindicatos y pequeñas instituciones (la más grande de ellas apenas pasa los 100 mil dólares). Clinton no se privó de responder que también Obama recibió donaciones de estos grupos, aprovechando la acusación para hacer una encendida defensa del gobierno y el legado de los últimos ocho años, dando a entender que Sanders actúa de manera irresponsable.

 

En este debate, a diferencia de anteriores, pareció percibirse cierta preferencia de los moderados en favor de Clinton, a quien se benefició con repreguntas que en general le permitían expandir y construir desde sus argumentos, incluso excediendo el tiempo pautado. Ejemplo de ello fue cuando –aludiendo al feminismo manifiesto de la candidata- el moderador le preguntó si su marido, el ex presidente Bill Clinton, le daría algún tipo de consejo de gobierno oficial o si sus conversaciones tendrían lugar en la mesa de la cocina. Ella aprovechó para mostrarse como la mujer independiente que es, aunque en términos generales no fue su mejor actuación: no salió de su zona de confort, se mantuvo en el marco de la agenda de Obama, se concentró en el voto femenino y apostó a erosionar la credibilidad de Sanders, pero sin conquistar a los propios. El cambio de posición de Bernie Sanders con respecto a la tenencia y control de armas en USA fue el flanco al que apuntó, aprovechando la especial sensibilidad sobre el tema durante el último tiempo después de que Barack Obama hiciera fuertes declaraciones en torno a la cuestión, en un país en el cual las muertes por armas de fuego marcan récords cada año.

Otro de los puntos centrales de debate entre Sanders y Clinton fue la salud. La propuesta de Sanders es un ‘Medicare for all’, un programa que finalmente ofrezca cobertura de salud universal como un derecho, incluso, repensando la salud mental. Desde el punto de vista de Clinton, el plan del senador falla en dos puntos importantes: no cuenta con financiamiento y carece de posibilidades de ser aceptada en un Congreso manejado por los republicanos. Vale la pena remarcar que Estados Unidos es el país que más fondos destina a salud, pero 29 millones de personas carecen de seguro médico, una cifra que ha aumentado en los últimos años.

Ninguno de los dos brilló demasiado, ambos buscaron asegurar su espacio dada la importancia de las próximas semanas, esa incomodidad y adrenalina los hizo bastante predecibles y moderados. O’Malley fue casi un observador aunque aportó ideas y algunos comentarios en su mejor performance de todas (cuando se le dio tiempo para participar). De todos modos, el ex alcalde de Baltimore y ex Gobernador de Maryland, ya no tiene ninguna chance.

Quizás lo interesante de esta elección, al menos en lo que a la interna demócrata se trata, es que quién compita con los republicanos será la candidata a ser la primera presidenta mujer de los Estados Unidos o el candidato a primer presidente socialista.Muchos estadounidenses apuestan al regreso de los Clinton a Washington y tienen la ilusión de poder ver por fin una mujer al mando, que además ha prometido luchar como nadie antes por los derechos de las mujeres (romper el techo de cristal, cerrar la brecha salarial). Otros ven en Bernie Sanders a un cascarrabias sin vínculos con las corporaciones –sobre todo los más jóvenes- que convoca a una revolución política y a una sociedad más igualitaria.

 

Mercedes D’Alessandrodoctora en Economía y Santiago A. Rodriguezmaster en comunicación, marketing y consultoría política, para Diario BAE.

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