D’Alessandro vs. Porcella sobre grieta salarial: ¿CFK y Macri, no tan distintos?

Por Cecilia Filas para El Cronista

 

 

Según el Foro Económico Mundial, la brecha salarial entre varones y mujeres recién se cerraría en 2186. A nivel local, aunque el 9,4 % de las argentinas tiene un empleo profesional (frente al 6,3 % de ellos), sólo el 2 % de las empresas tienen una CEO. Y mientras ellas permanecen en desventaja respecto a variables como empleo y desocupación, son las que se encargan del 76 % del trabajo doméstico no remunerado que, si tuviera un correlato salarial, implicaría alrededor del 20 % del PBI nacional.

El 9 de abril se celebró el Día del #PagoIgualitario en la Argentina, a tono con otras jornadas realizadas en el mundo para “visibilizar la cantidad de días extra que tiene que trabajar una mujer para ganar lo mismo que un hombre hasta el 31 de diciembre de cada año”.

Mercedes D’Alessandro (Doctora en Economía por la Universidad de Buenos Aires, en 2015 lanzó el blog www.economiafeminita.com y a fines de 2016 publicó Economía Feminista: cómo construir una sociedad igualitaria sin perder el glamour, por Sudamericana) y Virginia Porcella (periodista especializada en Economía, autora de Feminomic$ y Economía con tacos altos) reflexionan sobre los motivos y soluciones posibles para cerrar la brecha salarial de género que la Organización Mundial del Trabajo estima en el 27 %.

¿Cómo se explica la brecha salarial por género?

MD: La Organización Internacional del Trabajo (OIT) tiene un estudio sobre 18 países que mide la brecha, partiendo de que tanto mujeres como hombres tengan el mismo nivel de educación, cargo, edad, antigüedad, que realicen el mismo tipo de tareas y que trabajen la misma cantidad de horas semanales. Si tomás todas esas variables, te da que la brecha salarial debería ser al revés: que la mujer debería ganar más que el varón. Lo que la OIT concluye es que, en realidad, los únicos motivos que explican la brecha, en esos casos, son factores de discriminación que no son medibles: no te dan el cargo ni los ascensos que te corresponden, la maternidad es un factor crucial de penalización… Y, en el promedio general de la brecha, lo que pesa es que las mujeres ‘eligen’ trabajos peor pagos o los trabajos que hacen las mujeres están peor pagos. Por ejemplo, en la Argentina casi el 20 % de las mujeres son trabajadoras domésticas y una de cada de cada cuatro está precarizada, con lo cual sus salarios son muy bajos. Las otras profesiones que tienen mayor cantidad de mujeres, después de empleada doméstica, son maestra y enfermera, también trabajos de bajo salario.

VP: No existe un sólo motivo, aunque algunos son preponderantes. Por caso, la evaluación, por parte de las empresas, de las mujeres como un recurso más costoso, tanto por las licencias de maternidad como por la presunción de una menor productividad una vez que son madres. Pero no es el único factor. En algún punto, a las mujeres nos pagan menos simplemente porque lo aceptamos. Los especialistas en Recursos Humanos aseguran que, en la valoración de una propuesta de trabajo, el salario es para las mujeres una variable clave pero mucho menos determinante que para los hombres. Nosotras valoramos aspectos blandos como la flexibilidad, la cercanía al hogar, el equipo de trabajo, la relación con el jefe. Tenemos una mirada más integral que nos hace negociar peor el sueldo. Existen investigaciones, además, que indican que las mujeres no sólo valoramos mal nuestra capacidad respecto de la de los hombres sino respecto incluso a nuestros propios resultados. Sin duda, eso nos hace pelear el salario con menos convicción.

¿Las mujeres en cargos de poder ‘se olvidan’ de sus congéneres?

MD: Creo que ahora se está empezando a poner el tema en agenda. Cristina Fernández de Kirchner tuvo algunas políticas con perspectiva de género ‘sin darse cuenta’. El caso de la AUH es polémico porque reafirma el concepto de que la mujer se tiene que encargar de la familia y de los chicos. Igualmente, se puede decir que ayudó a muchas porque antes no tenían el control de ese dinero, y también permitió que muchos chicos volvieran a la escuela. Otra medida fue la moratoria de las jubilaciones: más del 80 % de los que ingresaron fueron mujeres que no habían tenido trabajo o que tuvieron empleos en negro. Pero no vi en el gobierno de Cristina Kirchner una agenda de género. De hecho, la brecha salarial aumentó durante ese período, sobre todo entre las trabajadoras precarizadas: pasó del 33 %, a principios de la década, al 39 %.

VP: Tal vez no se trate tanto de que promuevan políticas específicas con perspectiva de género, aunque sin duda son importantes. Creo que el aporte más valioso que pueden hacer es implementar un nuevo modo de liderazgo que sirva de modelo para otras mujeres y contribuya a generar un cambio en las estructuras hacia abajo. Y de eso no hemos visto mucho hasta ahora. También es cierto que aún son pocas las que llegan a presidentas, ministras o directoras de empresas, por lo que es razonable pensar que esos modelos seguramente irán apareciendo con el tiempo, con una mayor participación de las mujeres en esos espacios.

¿El gobierno de Macri es remiso a implementar políticas de género?

MD: Me parece que hay un retroceso en términos de plantear siquiera el problema. Por ejemplo, no hay una sola mujer en los equipos de los ministerios que están vinculados a temas económicos. O esto de jugar al fútbol en la Quinta de Olivos: ni en sus momentos de relajación están incluidas las mujeres. Si ni siquiera se dan cuenta de que no trabajan con mujeres, de que no debaten con mujeres, ¿cómo voy a esperar que tengan perspectiva de género? Me parece que es un Gobierno que todavía no se ha alertado sobre esto. El presupuesto del Consejo Nacional de las Mujeres es muy escaso: $ 6 por mujer al año, menos que un pasaje de bondi. Si no tenés una idea de conjunto de los problemas de la desigualdad que enfrentan las mujeres, combatir la violencia de género como algo totalmente aislado de esta realidad me parece que no va a ningún lado.

VP: No veo que exista tal cosa como un eje de gestión en torno a las políticas de género, ni en este Gobierno ni en los anteriores. Sí creo que, a veces, ni siquiera hace falta pensar en políticas de género para lograr mayor igualdad. Por ejemplo, las mejoras en infraestructura y transporte: esas medidas no pueden ser catalogadas bajo la etiqueta de género pero son esenciales para aumentar el tiempo disponible de las mujeres para trabajar sin prolongar la ausencia en el hogar. Claro que también hay medidas específicas, como las guarderías públicas gratuitas, que son altamente efectivas para mejorar las condiciones de las mujeres en el mercado laboral.

¿Cuánto pesa en la economía el trabajo doméstico no remunerado?

MD: Hay estudios de la Organización Internacional del Trabajo que muestran que, dependiendo del país, puede ser del 10 % al 25 % del PBI. ¡Es muchísimo! Hoy el mercado laboral sigue considerando a las mujeres como si fueran amas de casa, de cierta forma. La organización familiar, todas las tareas domésticas y de cuidados siguen recayendo sobre ellas. Las estadísticas argentinas dicen que el 76 % de todo el trabajo doméstico no remunerado (limpiar, cuidar a los chicos y a los ancianos, hacer las compras) recae sobre las mujeres. Si bien los hombres hoy ‘colaboran’ con más tareas del hogar, no lo hacen al mismo ritmo con que las mujeres empezaron a trabajar puertas afuera.

VP: El 90 % de las argentinas realiza algún tipo de trabajo doméstico no remunerado y dedica casi el doble de tiempo a esas tareas que los hombres, unas 6 horas diarias según el INDEC. El dato es una de las bases sobre las que se asienta la persistencia de la brecha de género en el mercado laboral, cuyo achicamiento se estancó hace más de 5 años. En países como España o México, donde está medido por cuentas nacionales, este trabajo equivale a entre el 20 % y el 25% del PBI.

¿Por qué el 60 % de los ni-ni son mujeres?

MD: La mayor parte de los ni-ni son mujeres jóvenes que están haciendo trabajo no remunerado. Son, por ejemplo, las hijas de las empleadas domésticas, que se quedan a cuidar a sus hermanitos y a organizar la casa mientras la mamá trabaja. Además, la Argentina tiene una tasa de embarazo adolescente más alta que el promedio de América latina, que es también la segunda más alta del mundo. Estudios de la ONU y el Banco Mundial dicen que, para muchas pibas, el ser madre es como una especie de realización personal. Venís de una familia pobre (7 de cada 10 madres adolescentes son de bajos ingresos) y no tenés perspectivas de estudiar o los trabajos a los que podés aspirar son de muy baja calificación. Entonces, tener un hijo es una cuestión de aceptación social: sos madre y tu objetivo pasa a ser convertirte en una buena madre. Y no tiene nada que ver con los planes sociales, esas son todas fantasías: cuando una mira la evolución de la tasa de natalidad, no hay ningún salto a partir de la AUH o la Asignación por Embarazo. Además, tenés el tema de la falta de acceso a anticonceptivos y que no llega la educación sexual.

VP: Sin dudas, el descenso de la edad promedio en que las mujeres son madres en la Argentina –a contramano de lo que ocurrió en los últimos años en otros países de la región– es un factor determinante que engrosa el porcentaje de ni-ni mujeres. Porque las que ni estudian ni trabajan son, en una alta proporción, madres o cuidan hermanos menores en el hogar. Es decir que ocupan su tiempo en tareas domésticas. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, más del 10 % de las mujeres son madres entre los 15 y los 19 años. Tienen falta de disponibilidad y recursos para avanzar en estudios o generar ingresos.

La versión original de esta nota fue publicada en la edición 188 de Clase Ejecutiva, la revista de El Cronista Comercial.

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